"Hey... is this thing on?" Según el periódico La Verdad de Murcia, todo es culpa de Brian, que iba drogado... Me maravillan los conocimientos sobre el rock'n'roll de algunos redactores... (foto de Govi Catena)They rise above this,
They cry about this,
As we live and learn..
A broken promise,
I was not honest,
Now I watch as tables turn,
And you're singing.
I'll wait my turn,
To tear inside you,
Watch you burn,
I'll wait my turn,
I'll wait my turn.
I'll cry about this,
And hide my cuckold eyes,
As you come off all concerned,
And I'll find no solace,
In your poor apology,
In your regret that sounds absurd,
And keep singing.
I'll wait my turn,
To tear inside you,
Watch you burn..
And I'll wait my turn,
To terrorize you,
Watch you burn..
And I'll wait my turn,
I'll wait my turn.
And this is a promise,
Promise is a promise,
Promise is a promise,
Promise is a promise.
And I'll wait my turn,
To tear inside you,
Watch you burn,
I'll wait my turn,
I'll wait my turn.
A broken promise,
You were not honest!
I'll bide my time
I'll wait my turn.(‘Broken Promise’, de Placebo)
Con los pies en el aire y la cabeza en el suelo. Así debimos de sentirnos todos los asistentes al concierto celebrado en Cartagena (Murcia) y llamado MTV Murcia Night, que prometía la actuación de tres bandas muy diferentes entre sí: los autóctonos Second, el dúo Amaral, especializado en Los 40 Principales, y los glamourosos Placebo, desde Londres y presentando nuevo trabajo, ‘Battle for the sun’. El evento, gratuito, esperaba congregar nada menos que a 30.000 personas, la mayor parte locas por disfrutar de un concierto de los ingleses, que siempre levantan expectación allá donde van.
Sin embargo la noche fue muy distinta de lo que se preveía. Y las ilusiones se perdieron, una vez más, por las bofetadas de la realidad, y como lágrimas en la lluvia (promesas que no valen nada, podría haberse titulado también esta crítica). Tras largas horas de cola emprendidas por los más acérrimos, y algunas más esperando dentro del recinto, baraja de cartas en mano, y sobreviviendo al calor sofocante gracias al agua lanzada por los ‘Raining Men’, hicieron su aparición los murcianos capitaneados por José Ángel. Tuvieron sus seguidores, pero también sus detractores, y ante todo ello ofrecieron una hora de reloj llena de canciones tristes, apagadas, en ningún momento respaldadas por la fuerza con la que antaño llenaban su primer álbum, ‘Invisible’. Aún así, y a pesar de los nacientes problemas de sonido, fueron unos notables teloneros.
De nuevo más espera, colocación de instrumentos y atrezzo. Esto confirmó que los encargados de cerrar la noche serían los maños, ya que tanta parafernalia solo podía significar una cosa: era el turno de Placebo, una de las bandas más aclamadas en el mundo, con seis álbumes y giras mundiales a sus espaldas, que esa noche tenían que conformarse con abrir el apetito antes del plato ‘fuerte’. Y es que el dinero manda, y más en un país en el que jamás se ha escuchado ni se escuchará por la radio ni uno solo del cerca del centenar de temas que han compuesto Molko y compañía, pero que por el contrario programa día tras día y una y otra vez las mismas canciones de Amaral.
Por fin, entran en escena Brian, Stefan y Steve, arropados por otros tres músicos de apoyo. ‘Kitty Litter’, la canción que abre su nuevo disco, comienza a atronar y la multitud, enfervorecida, la corea aunque algunos no hayan tenido tiempo suficiente de haber oído lo nuevo. Tras ella, un extraño parón y, en unos minutos, ‘Ashtray heart’, otro de los temas de ‘Battle for the sun’ en donde el estribillo si que es entendido por todos los presentes, al ser en castellano. Otro rato de parón, algo más de la lengua de Cervantes difuminada por Molko (“Un poquito problema técnico”, anunció) y la banda desaparece por unos momentos. Regresa y distribuye cuatro canciones más entre un tercer parón, levantando las sospechas del respetable. Tras ‘Speak in tongues’ se acabó lo que se daba. Vuelta a desaparecer pero, esta vez, sin decir nada, sin explicaciones, lo hacen para siempre. Vamos, que se van con su Reina Madre.
Ante la incredulidad de la cantidad exarcebada de fans que lanzamos todos los improperios conocidos y aún por descubrir, se presenta un Johan Wald (presentador de MTV y encargado de dar paso a los grupos) y aguanta los abucheos hasta que logra musitar que “la música continúa con Amaral”. Y ya no hay ‘Special Needs’, ni ‘Taste in Men’, ni ‘36 Degrees’, ni ‘English Summer Rain’, ni ‘You don’t care about us’, ni ‘Nancy Boy’, ni ‘Meds’, ni ‘Bruise Pristine’, ni ‘Slave to the wage’, ni ‘Juliene’ (uno de los mejores poemas del nuevo trabajo…) Que nos jodan a todos los fans. Un día después, se disculpan desde su página web porque “el público no se merecía esa mala calidad de sonido”. Vaya, así que lo que nos merecíamos entonces ¿era dejarnos sin concierto? Una excusa brillante que no nos vale para nada. Muy poca profesionalidad, “tras 15 años de carrera”. Así que no, lo siento, no nos vale para nada.
Saquemos conclusiones:
1. Un macro-concierto realizado en una ciudad hostil: varias personas se dedicaron a repartir por los alrededores panfletos con quejas acerca del nombre del guateque, que según ellos estaba claramente encaminado a boicotear la autodeterminación cartagenera. De quedarte con la boca abierta y con ganas de celebrarlo en Puertollano, donde habrían sido más agradecidos.
2. Una gran televisión musical, la más importante del mundo, con unos medios técnicos desastrosos: en la actuación de Second ya se pudieron vislumbrar errores garrafales, lo cual sigue sin justificar la pataleta de bebé de los de Londres.
3. Una organización frotándose las manos ante la avalancha de bebedores y comedores dispuestos a dejarse los euros: con tantos beneficios económicos, más les habría valido incluir una cláusula en el contrato del grupo estrella donde se comprometieran a no dejar tirados a todos esos clientes generosos con el turismo murciano.
4. Unos supuestos profesionales de eventos de estas características que no son capaces de discernir entre estilos musicales: no es normal mezclar tres bandas tan distantes, y mucho menos colocar a los ‘visitantes’ los segundos, sabiendo de su fama mundial (bastante menor que Amaral, creo yo) y de sus, por lo visto, aires de divos (yo también los tendría si hubiera vendido más de 300.000 copias solo con mi segundo álbum) Todo ello sigue sin justificar el dejar colgados a sus seguidores, pero también dice mucho de la forma de planear las cosas de la franquicia española de la ‘Music Television’ más ‘cool’ de siempre.
Tras esto, una pequeña reflexión. Yo me pregunto: ¿estamos endiosando a la música y a la vez ninguneándola? Además de preguntarme: ¿somos los españoles igual de gilipollas que las estrellas de rock?
No es justo. No podemos dejarnos la piel defendiendo a los artistas ‘alternativos’, a los estilos menos comerciales y a las bandas más grandes de todos los tiempos suplantadas ahora por niños y niñas que se presentan a cástings de programas como Operación Triunfo, dispuestos a comerse el mundo sin haber tocado un acorde en su puta vida, o sin haber escuchado jamás a Hendrix, Led Zeppelin, The Doors, Crazy Horse, Cream, The Police o Dire Straits.
No podemos empeñarnos en abrir los ojos a la gente y que luego sucedan estas cosas. Planteémoslo así: ¿habría hecho David Bisbal lo mismo? Cobra bien, qué más le da dejar plantado a todo un campo de fútbol… Pero quizá valore a sus legiones de fanáticas. Bien, a Brian Molko pareció no importarle. Al mismo que proclama a los cuatro vientos el amor por la música, escribe lindísimas letras y hace que creamos en el poder de una canción. A alguien que compone bellezas como ‘I know’, ‘Protect Me From What I Want’ o ‘Infra-Red’ no pueden importarle una mierda sus fans. Porque ellos han hecho que esté donde esté, él y su banda.
Así que empecemos a ser justos nosotros y démosle a cada uno lo que se merece, empezando por los que se dejan la piel tocando para 20 personas (no son más porque cinco euros un concierto de dos bandas les parece caro, o porque están empeñados en que El canto del loco es música) y que además tienen que mendigar un bis al encargado de turno del garito, que está deseando que se larguen los ‘pintas’ y entren las hordas de pijos con los bolsillos llenos de billetes con los que pagarán hasta 15 euros por copa, de garrafón, por supuesto. Eso piensa este país del rock, si es que sabe lo que es rock. Aunque Placebo tampoco sepan que el rock se sustenta con los rockeros.
Como dice la grouppie Penny Lane en ‘Casi famosos’, de Cameron Crowe: “Si esto fuera el mundo real y un hombre me hablara como tú me estás hablando…” a lo que William Miller, el joven periodista que se embarca en la aventura de girar con Stillwater, contesta: “¡Este es el mundo real!”. Y en él, somos soldados que sirven a una patria, no a la que más les pague. Rectifico todo lo que dije tras el decepcionante acto… tantos kilómetros sirven de algo: para ver la realidad, pero más bien para planear la dulce y fría venganza.
Venid amigos míos
No es demasiado tarde para partir en busca
De un mundo nuevo
Porque sigo teniendo el propósito
De bogar más allá del sol poniente
Y si hemos perdido esa fuerza
Que otrora movía el cielo y la tierra,
Lo que somos, lo somos;
Corazones heroicos y del mismo temple,
Debilitados por el tiempo y el destino,
Pero fuertes por la voluntad
De buscar, luchar, encontrar y no ceder.(‘Ulises’, de Lord Alfred Tennyson, un inglés que estos divos del Glam deberían conocer)