¿Cuánta gente, día a día, lucha contra sus propios sentimientos sin saberlo?
Piénsalo: personas que dudan por ejemplo de su sexualidad, o personas que se condicionan por lo que los demás puedan pensar, personas que viven atrapadas en un matrimonio que ya no es lo que era, etc, etc, etc.
Nosotros, los jóvenes, tenemos una fuerza en nuestro interior que muchísimas veces no sale a la luz por toda esa lucha contra los sentimientos. Pero creo con sinceridad que ahí es donde algunos brillamos, no porque seamos mejores, pero sí que somos idealistas, creemos en cosas como la bondad y la justicia, y en definitiva, estamos vivos y queremos disfrutar de esa vida y hacer que los que tenemos alrededor también disfruten.
Si tuviera que salvar algo de este mundo sería el OPTIMISMO. Hay tantas cosas que podríamos arreglar, tantos pequeños detalles que podríamos mejorar, tantas satisfacciones que podríamos recuperar… Todo eso se nos escapa de las manos porque creemos que no podemos controlarlo, y damos más importancia a absurdeces como el dinero, la posición social, la fama o el qué dirán. Vivimos con miedo, el primero de todos esos miedos es el miedo a fracasar, después el miedo a no ser aceptados, el miedo a defraudar, el miedo a no agradar… ¿Por qué? Somos como somos, con nuestros errores y nuestros aciertos pero lo que nos diferencia es que algunos hacemos las cosas con una buena intención que tendría que ir por encima de todo lo demás.
Y digo yo, ¿qué hay de malo en intentar alcanzar los sueños? ¿y si mi sueño es hacer de este un mundo mejor? No hablo de erradicar la pobreza ni parar las guerras: hablo del día a día, de los pequeños gestos, de superar los pequeños obstáculos y plantarle cara a todo aquel que intente oprimirnos y tratarnos mal. Mal, ¿por qué? La libertad es nuestra, la libertad es pura, y la libertad no sabe de egoísmos ni totalitarismos ni imperios: la libertad es única e intransferible y la tenemos, lo que pasa es que la escondemos por el miedo y la cobardía.
Pero yo no quiero tener miedo ni quiero ser cobarde aunque lo entienda. No quiero ser esclava, no quiero bajar la cabeza, quiero mirar de frente y gritar a la cara de la injusticia. Quiero que las personas se unan y no sean ‘ellos’: seamos ‘nosotros’. Podemos hacerlo, estoy convencida y, además, no hay descanso.
El sol tiene que resplandecer arriba de la nevada montaña.

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